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¿Quién fue Ángel Sanz Briz?

(El ángel de Budapest)

Francisco Mena Soto

Ángel Sanz Briz
Nació en el 28 de septiembre de 1910 en Zaragoza, donde su familia tenía un negocio (Bazar X) en la calle El Coso, 27. Cursó con excelentes notas los estudios secundarios en el colegio de los Escolapios. Estudió Derecho en Madrid, finalizando su carrera en la Escuela Diplomática poco antes de que comenzase la Guerra Civil. Hablaba correctamente inglés y francés. Formó parte de la única promoción de diplomáticos que salió bajo el Gobierno republicano. La guerra le sorprendió en zona republicana, pero escapó a Salamanca en cuanto pudo, poniéndose a las órdenes de los sublevados liderados por el general Francisco Franco. Al finalizar la guerra obtuvo su primer destino como diplomático en El Cairo, concretamente en el consulado de Alejandría. Pero fue al final de la Segunda Guerra Mundial, en 1944, cuando la terrible persecución contra los judíos puso a prueba sus convicciones humanas y su sentido del deber para con el prójimo.

 

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HUNGRÍA Y LOS NAZIS EN 1944 : 
AMISTAD PELIGROSA

La situación de Hungría era complicada. El país había sido reducido a un tercio  de su territorio al final de la Primera Guerra Mundial en el tratado de Versalles (los húngaros lo conocen como tratado de Trianón). En 1918 Hungría había perdido al oeste Burgenland, que pasó a Austria, los territorios del norte con ciudades como Bratislava y Kosice, que pasaron a Checoslovaquia, territorios del sur que hoy están en Serbia y Croacia, y sobre todo, al este, Transilvania, que pasó a Rumanía.  Siendo aliada de Alemania, aunque sin mucho entusiasmo, Hungría codiciaba lo que le ofrecían las promesas de los nazis: ganar  terrenos vecinos para así ir recuperando la Gran Hungría. A su vez Hungría le era útil a la Alemania nazi para retener el avance de los soviéticos por el Este desde Rumanía.

El regente Miklos Horthy había podido mantener un difícil equilibrio durante años y de hecho Hungría fue un reducto de paz en medio de la guerra y la barbarie  nazi, donde los judíos pudieron disfrutar de cierta tranquilidad hasta 1944. En esta relación de amistad, Hungría no pudo negarse a la entrada de las tropas alemanas en marzo de 1944, cuando  Hitler  quiso exterminar a una próspera comunidad judía que se había librado de la zarpa nazi, siendo recibido con los brazos abiertos por los cruzflechados o “nyilas kerezstes” (nazis  húngaros liderados por Ferenc Szálasi). La amistad con los nazis se había convertido en dependencia y subordinación.

Hungría seguía siendo oficialmente una monarquía, aunque era el regente Miklos Horthy quien detentaba la jefatura del estado. Este militar contaba con el prestigio de haber derrotado el sistema comunista bolchevique que se instauró en Hungría en 1919 con Bela Kun como líder. Había sido el primer país comunista después de la revolución rusa de 1917.


LA EMBAJADA ESPAÑOLA EN BUDAPEST

La llegada de los nazis a Hungría aconteció siendo embajador de España en Budapest Miguel Ángel de Muguiro, quien escandalizado por las actuaciones contra los judíos, envió cartas continuas a Madrid quejándose acerca de la barbarie que  reinaba.

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España, ahora fascista y amiga del bando del Eje, estaba en una situación parecida a la húngara, una situación, como poco, comprometedora. Sin quererse meter en la guerra ni contrariar a unos alemanes que habían ayudado al bando ganador en la Guerra Civil, las contestaciones a las cartas de Muguiro desde Madrid eran ambiguas e incluso a veces, nulas, pero conociendo perfectamente la masacre.

Viendo la peliaguda situación, Muguiro rescató un viejo decreto promulgado por Primo de Rivera en 1924 en virtud del cual todo judío que fuese sefardita obtendría la nacionalidad española de inmediato, cosa que ya hizo antes Federico Oliván, embajador español en Berlín. Con esto España tuvo que hacerse oír ante los nazis, que más contrariados que enfadados, les dejaron hacer. No hay que olvidar que aún empobrecida por la guerra, España era una potencia neutral importante, y con el prestigio que suponía  haber derrotado a los comunistas en la Guerra Civil.

Lo que ambos diplomáticos ocultaban era que el efecto del decreto había expirado en 1931, pero sin ser esto recordado en Madrid y siendo obviamente desconocido en Alemania, la misión salvadora pudo comenzar.

Muguiro mantuvo la fe en su gobierno y continuó enviando cartas pidiendo la intervención directa del gobierno español mientras él ayudaba  por su cuenta a los judíos que podía, crispando de esta forma a las autoridades tanto alemanas como húngaras. Destacable es el ejemplo en el que Muguiro se hizo cargo  de un grupo de 500 niños judíos montados ya en un tren cuyo destino era una cámara de gas en Polonia. Les consiguió visado colectivo, y solicitó permiso a España para enviarlos a Tánger, que en aquellos años era algo parecido a una colonia española.

Las autoridades locales montaron en cólera con esta y otras heroicidades y presentaron quejas a sus superiores, a lo que el gobierno español tuvo que contestar. Viendo ya la situación insostenible debido a la mala fama que el diplomático se había forjado, desde el ministerio de Asuntos Exteriores cesaron fulminantemente a Muguiro. Quedaba ahora una vacante en la embajada española, que fue ocupada rápidamente por Ángel Sanz Briz, que también se responsabilizó de los 500 niños y sus cuidadores judíos mientras llegara de Madrid un visado de tránsito por Tánger.


ÁNGEL SANZ BRIZ A CARGO DE LA LEGACIÓN ESPAÑOLA EN BUDAPEST

La embajada española estaba situada entonces, como sigue hoy día, en la calle Eötvös, cerca de la céntrica y famosa calle Andrassy. El día 16 de junio, Ángel Sanz Briz sucedió a Muguiro como jefe de la legación española.

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Como secretario de su predecesor, Ángel Sanz había sido testigo de la honradez de éste en sus informes a Madrid sobre la acción de la Gestapo y de los alemanes en Budapest. En la ciudad había unos 220.000 judíos que la hacían quizás la ciudad europea con mayor porcentaje de población hebrea.

Las leyes anti-judías (prohibición de matrimonios con personas de otra religión, veto para ejercer ciertas profesiones como las de médicos, abogados, periodistas…) se iban agravando cada vez más. Se prohibió su acceso al transporte público y a los jardines y parques de la ciudad. Pero su situación de injusticia era soportable si se comparaba con la de los judíos de Polonia o Austria.

En la embajada de España trabajaban personas de origen judío que estaban fuera de peligro gracias a la acreditación española. Éstos eran: la canciller de la legación, señora Tourné y su hijo Gastón,  el chófer y el abogado Zoltán Farkas, que también servía a Ángel Sanz  Briz como traductor.

El diplomático español vio la oportunidad de llevar a cabo su acción humanitaria con el método de Muguiro, pero refinando el procedimiento a fin de no acabar como su predecesor, y poder realizar su misión salvadora en su totalidad. Así, en entrevistas con el ministro de Interior exageró el número de judíos sefardíes con derecho a nacionalidad española y obtuvo el permiso de emitir 200 pasaportes exactos para salvar a este número de personas, aunque el número de hebreos de ascendencia sefardí en Budapest no llegara a 50 personas.

Ángel Sanz aceptó la decisión sin rechistar, pero sin ninguna intención de seguirle el juego a los nazis. Este es el momento en el cual el diplomático comenzó su gesta, arriesgando su puesto, y por descontado, su vida.

Nuevas disposiciones llegaron del ayuntamiento de Budapest y del ministerio del Interior para complicar la situación judía. Adolf Eichmann, de la Gestapo, tras haber deportado a un total de unos 800.000 judíos del resto de Hungría  quiso acabar su trabajo genocida en la cuidad de Budapest. Organizó un plan para juntar a toda la población  judía y así, cuando llegase el momento de las deportaciones, poder evacuar la ciudad con rapidez. Para esto se dispusieron 2680 edificios en los que se concentrarían las víctimas, todos marcados por una estrella amarilla de seis puntas. Se llamó a estos edificios “csillagoshaz” (csillagos, en húngaro,  “de o con estrella”).

Ante esta barbaridad los diplomáticos de los países neutrales (Portugal, Suiza, Suecia y España) se reunieron en la Nunciatura con monseñor Angelo Rotta para tratar de actuar con firmeza desde un compromiso de humanidad con los perseguidos y desde una conciencia cristiana.  Entre ellos estaba Raoul Wallenberg, enviado desde Suecia con el propósito de salvar a los perseguidos en aquel momento crítico.

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Escribieron una carta al jefe del estado, el regente de Hungría, Miklos Horthy, que tuvo en un principio un efecto favorable.  Pero debido a la presión alemana las medidas antisemitas se renovaron otra vez a finales de octubre, por lo que el nuncio Angelo Rotta tuvo que volver a la Santa Sede informando que la situación se había recrudecido.

En la embajada española comenzó la preparación de los salvoconductos,  no 200, sino muchísimos más, pero con truco, claro está. Sin sobrepasar ninguno el número pactado, se fueron creando diferentes series que iban del 1 al 200, lo que permitió hacer de uno cualquiera, como por ejemplo el  número 190, diferentes pasaportes, (el 190 de la serie A-1, el 190 de la serie A-3, el de la A-4…). De esta forma, ningún pasaporte superaba el número 200, pero tampoco estaban repetidos.

La solución estaba servida, pero desgraciadamente, el engaño no era perfecto.

Ángel Sanz se dio cuenta del inmenso número de pasaportes y series que debía imprimir, temiendo además  que algún día desafortunado un agente de la SS parase a dos personas con el mismo número de pasaporte en series distintas, lo que descubriría la treta enseguida.

Ante este nuevo dilema, asignó los pasaportes no a personas individuales sino a familias, lo que disminuía la circulación de salvoconductos. El engaño urdido por los embajadores español, portugués, suizo y sueco fue durante aquellos meses la última esperanza de miles de personas perseguidas en la ciudad de Budapest. Por ello surgió el gran problema de la cantidad de pasaportes expedidos. Los nazis  sospecharían si veían muchos “judíos españoles” con salvoconductos.

Alquiló entonces varias casas en Budapest, que pagó con dinero de su propio bolsillo, a fin de cobijarlos, permitiéndoles salir solo un rato por las mañanas. Consiguió casas en las calles Csanady, Panonia y en la plaza Szent Istvan, y luego tuvo que alquilar seis edificios más.

La embajada se encargaba del resto, comida, atención médica… y lo más importante, mantener a los alemanes y cruzflechados lejos.

Se mandó colocar una placa en la puerta de todas estas viviendas que decía claramente en húngaro y en alemán: “Anejo a la Legación de España. Edificio extraterritorial”, acompañadas por banderas españolas que corroboraban el mensaje.

Ángel Sanz tomaba ahora toda la responsabilidad, arriesgando su vida directamente por toda esta gente que no conocía.

Todos estos documentos eran, en principio, para sefardíes, pero obviamente Ángel Sanz salvó a todos los que pudo encontrar.

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Los salvoconductos que expedía eran regalos de vidas para familias enteras, como el siguiente: “Certifico que Mor Mannhenim, nacido en 1907, residente en Budapest , calle de Katona Josef, 41, ha solicitado, a través de sus parientes en España, la adquisición de la nacionalidad española”

Ángel Sanz sacaba a los judíos de las comisarías por las noches y paraba incluso trenes de deportación.

En una ocasión en que supo que 36 protegidos por España habían sido enviados a Auschwitz, fue a negociar con el ministro húngaro anunciándole que España reconocería el gobierno del nazi Szálasi, y consiguió que los 36 volvieran a su refugio protegido por España.

Estos cientos de personas esperaban con paciencia en estos domicilios de refugio, escondidos hasta que se les conseguía transporte para Suiza, España o cualquier parte donde no fuesen perseguidos.

Resulta paradójico saber que España, años antes sumida en una cruenta guerra civil, se había convertido entonces en la esperanza  de salvación para miles de personas perseguidas. Sin que esto valga en absoluto para mitigar  la realidad interior española en aquellos años, cuando se sufrían los momentos más duros de la dictadura surgida tras la guerra.

Inevitablemente la misión tuvo que tocar a su fin a finales de 1944, cuando el ejército Soviético estaba a las puertas de Budapest. Los rusos no reconocían el régimen de Franco, por lo que Ángel Sanz Briz, apodado “el Ángel de Budapest” por sus protegidos judíos, tuvo que abandonar la ciudad y regresar a España, no sin antes asegurarse del futuro de estas personas.

Para ello recurrió a Giorgio Perlasca, su amigo y colaborador durante gran parte de su odisea. Este italiano, que había participado en la guerra civil española con las tropas colaboradoras italianas, se había presentado en la embajada pidiendo ayuda para poder contar con documentos españoles con los que moverse por el país. Había pasado los últimos meses haciendo negocios de importación de alimentos, pero en aquel momento el clima político estaba demasiado enrarecido en Hungría.  Sin ningún respaldo oficial desde España, tomó el cargo de “embajador español” en Budapest, pasando a llamarse ahora Jorge Perlasca. Junto con Sanz Briz, había falsificado el su nombramiento oficial, y la obra de nuestro protagonista quedó en manos de su amigo hasta el 16 de enero de 1945, cuando los rusos pusieron fin al dominio nazi en la ciudad, momento en el que Jorge Perlasca volvió discretamente a Italia habiendo cumplido la misión de poner a salvo a los judíos que habían permanecido a su cargo en las casas protegidas.

Durante treinta años, tanto Ángel Sanz Briz como Giorgio Perlasca guardaron secreto sobre aquellos hechos y sobre los miles de personas salvadas por ellos  de la persecución y la muerte, como quienes saben que el único mérito de sus actos fue el de cumplir con su obligación. Los ideales humanitarios no pueden aspirar a glorias muy diferentes de su mera puesta en práctica. Fueron unas mujeres de la comunidad judía de Hungría quienes comenzaron a investigar qué había sido de aquel embajador español y de su amigo “Jorge”. Existe una película italiana, “Perlasca, un héroe italiano” de Alberto Negrin, cuya versión española se puede encontrar con el título de “El cónsul Perlasca” También se ha podido ver recientemente en televisión la película española “El Ángel de Budapest”.

Ángel Sanz Briz continuó con su carrera diplomática durante décadas. Su siguiente destino fue el de  embajador en EE.UU. y continuó su profesión por  medio mundo (Guatemala, Holanda, Perú, San Francisco…)

En 1973 fue el primer embajador español en Pekín ante el régimen de Mao Tse-Tung. Y en 1980 murió como embajador de España ante el Vaticano. En su casa de Madrid, calle Velázquez 89 ó 90, una placa le recuerda. En las calles de Budapest existen dos lápidas conmemorativas en recuerdo de su hazaña: una en la fachada de la embajada de España en la calle Eotvos, y otra a la entrada de una de las casas que él alquiló  para proteger a los perseguidos, en la plaza Szent Istvan, frente al río Danubio. Además se puede ver una escultura de su busto en la biblioteca del Instituto Cervantes de Budapest, calle Vörósmarty, 32.

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Ángel Sanz Briz salvó a 5200 judíos del exterminio, por lo que fue galardonado por el Gobierno de Israel en 1991 con el título de “Justo entre las naciones” ó “Rigtheous among the nations” , y años después se descubrió esa placa en su honor en Budapest, reconocimiento de la ciudad por haber salvado la vida de tantas personas. En la medalla que se entrega a estas personas galardonadas por el estado de Israel figura esta frase del Talmud: “Quien salva una vida, salva a toda la Humanidad”.


OTROS HOMBRES JUSTOS:

José de Rojas y Moreno

Llegó a Bucarest en 1941. Denunció desde el principio la política de persecución de los judíos y adoptó actitudes enérgicas contra las deportaciones.

Colocó enervantes carteles que decían; “Aquí vive un español” en la entrada de 300 casas pertenecientes a judíos.

Evacuó a 65 sefardíes auténticos y proporcionó protección de bienes y hacienda de otros 200 ya escapados.


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Giorgio Perlasca

Simpatizante con las ideas nacionalistas, se postuló voluntario para pelear del lado de Franco en la guerra civil. Al volver a Italia le sorprende la alianza entre Mussolini y Hitler con lo que abandona el fascismo.

En el otoño de 1943 se encuentra en  Budapest como delegado oficial  del gobierno italiano comprando carne para el ejército italiano, cuando se hace oficial la rendición incondicional de Italia a los aliados.

Perlasca hace entonces pública su lealtad al monarca italiano Victor Emmanuel II, lo que estando en un país amigo de Alemania le cuesta su libertad. Tras meses de cautiverio aprovecha un pase médico para escapar y pide asilo en la embajada española, donde Ángel Sanz Briz, viejo amigo de su juventud, le consigue pasaporte español,  pasando a llamarse Jorge.

Colabora activamente con Ángel Sanz Briz en sus actividades de ayuda a judíos y toma el cargo de embajador español en Budapest (aunque falso embajador), cuando Ángel Sanz se ve obligado al abandono de su misión a finales de 1944.

Con el Ejército Rojo entrando en Budapest el 16 de enero de 1945, Perlasca  inicia su retorno a Italia.


Miguel Ángel de Muguiro

Encargado de Negocios en España en Budapest en marzo de 1944 cuando entran las tropas alemanas en Hungría. Se mostró muy crítico con el maltrato hacia los judíos, las leyes que les excluían de la vida económica, la obligación de estos de llevar la estrella de David , y otros abusos.

Su posición crítica fue fuente de tensiones entre el gobierno español y  húngaro, lo que le valió el cese en su cargo.

Fue sustituido por Ángel Sanz Briz.


Julio Palencia y Tubau

Destinado desde 1940 en Bulgaria como Ministro Plenipotenciario en la Legación Española, fue muy crítico con las leyes antisemitas que se promulgaron hasta 1943, año en que se decidió que los judíos búlgaros serían incluidos en el programa de exterminio alemán. En ese momento Julio Palencia empezó a luchar por sus vidas. Su posición le valió el epíteto de ”amigo de los judíos” y ejerció una vigilancia constante desde la embajada española.

Al final del 1943 tuvo que abandonar el país ya que fue declarado “persona non grata” tras salvar a un total de 600 judíos.


Carmen Schraer y José Ruiz Santaella

Como agregado de agricultura de la embajada española en Berlín, él y su esposa ayudaron a salvaar la vida de Gertrud Neumann, Ruth Arndt y Lina Arndt, perseguidas por su condición de judías por el Tercer Reich.


Juan Schwarz Díaz Flores

Cónsul de España en Viena de 1942 a 1944 que expidió numerosos pasaportes para que los judíos pudieran pasar por ciudadanos españoles en su huida hacia Suiza u otros destinos libres.


Eduardo Propper de Callejón

En 1940 expidió más de 30 000 visados a refugiados judíos para que atravesaran España camino de Portugal. En la emisión de los visados se saltó los requisitos exigidos desde Madrid, por lo que el ministro de Asuntos Exteriores R. Serrano Súñer lo trasladó a Larache.


Bernardo Rollán de Miota

Su labor le provocó tensiones con el embajador de España, Félix Lequerica. Desde su puesto de cónsul evitó la confiscación de los bienes de un grupo de judíos sefarditas. Intercedió por 14 judíos españoles enviados al campo de Drancy y organizó la repatriación de otros 77.


Sebastián Romero Radigales

Entre marzo y junio de 1943, unos 48 000 judíos de Salónica fueron deportados al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Sólo consiguió trasladar a 150 sefardíes desde Salónica a Atenas. Evitó la confiscación de bienes de algunos judíos que llegaron a España en febrero de 1944.


FIGURAS RELIGIOSAS

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Estas personas destacaron por su compromiso cristiano en la defensa y la ayuda de los perseguidos. Algunos fueron beatificados por Juan Pablo II:

Metropolitanp Crisóstomo de Zante
Johannes de Jong de Utrecht
Alfred Delp, jesuita alemán ejecutado en 1945 en Berlín.
Maximilian Kolbe, muerto en Auschwitz, canonizado por Juan Pablo II en 1996.
Bernhard Lichtenberg, beatificado por Juan Pablo II.
Hugh O´Flaherty, sacerdote irlandés en Italia.
Sára Salkahazi, asesinada en Budapest en1944, beatificada por Benedicto XVI
Andrey Sheptytsky
André y Magda Trocmé, protestantes franceses.
Omelian Kovch, grecocatólico ucraniano beatificado en 2001 por Juan Pablo II
Dietrich Bonhoeffer, teólogo luterano ejecutado en la horca en 1945.



 


 

ÚLTIMA HORA

comunicado:
 

La Provincia Agustiniana Matritense, responsable de esta publicación, comunica a sus amables suscriptores que la revista LEA Digital deja de publicarse ahora, y, en un futuro próximo, los temas sobre educación y pedagogía, así como toda la información relacionada con las actividades de nuestros colegios, se publicarán en la página web de nuestra Provincia Matritense. Se podrán consultar los números de LEA ya publicados. También publicaremos el Índice de autores y temas. Gracias a todos por vuestra fidelidad, comprensión y colaboración.
 

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