reduce weight fruta planta chinese pills Fruta Planta Reduce Weight fruta planta diet pills


Comentario de san Agustín al Evangelio de San Juan (6)

Grupo San Alipio

 

FRATERNIDAD GRUPO SAN ALIPIO

San Lorenzo de El Escorial (Monasterio)

P. Antonio Iturbe
Agustín Díaz/María Paz Largacha
Ángel Revuelta/Beatriz Pagador
Aurora Pareja
Fernando Hernández/Hortensia Riesgo

Francisco Mena/Pilar Pernil
Manuel Vilegas/Carmen Villanueva
María del Señor Martínez
Maribel Alcaide/Óscar Quesada
Pilar Pedroviejo/Luis Martín

 

Presentamos en esta ocasión, queridos lectores de LEA, un nuevo resumen de los comentarios de san Agustín al evangelio de san Juan. Comprende los sermones o tratados 54 al 66 de san Agustín, en los que comenta los capítulos 11 y 12 del evangelio1. Aprovechamos esta ocasión para comunicar a todos que, de acuerdo a nuestros Estatutos, ha sido elegido un nuevo coordinador de la Fraternidad Grupo San Alipio cuyo servicio ha recaído en D. Agustín Díaz Quintana.  Carmen Villanueva había desempeñado este servicio varios años.

 

Capítulo XI del Evangelio de San Juan

IMG_4945_P

El capítulo undécimo del evangelio de san Juan con 57 versículos, es comentado por san Agustín en dos sermones, y se puede dividir en dos partes:

1) La primera parte del capítulo undécimo del Evangelio (vv.1-54) corresponde a la narración de la resurrección de Lázaro y la amenaza de muerte que, por ello, sufrió Jesús,  que san Agustín comenta en el T49.

2) La segunda parte del capítulo undécimo del Evangelio (vv. 55-57), unido a los vv. 1-11 del capítulo XII, expone cómo en la proximidad de la Pascua, acontece la unción de los pies de Jesús por Maria, durante una cena en casa de Lázaro, que san Agustín comenta en el T50.


RESURRECCIÓN DE LÁZARO (J 11, 1-54)
Cierto hombre llamado Lázaro, de Betania… a una ciudad llamada Efraín y se quedó allí con sus discípulos.

La muerte del alma

Aunque estéis atónitos ante la resurrección de un muerto, maravillaos de la gran obra de Cristo, que resucita continuamente el alma de aquellos que creen, pues quien cree, resucita en su alma, siendo, como es, mucho más grave la muerte del alma. Todos se afanan en esquivar la muerte del cuerpo y poco se trabaja en evitar la muerte del alma. Dios, que quiere que vivamos eternamente, no manda cosas gravosas, pero le hacemos muy poco caso. No te dice Dios, “pierde cuanto tienes para que vivas poco tiempo solícito en este trabajo”, sino que te dice “da lo que tienes a los pobres, para que vivas seguro y sin congoja”. Esta muerte que ahora tememos, nos llegará aún cuando no queramos” (TSJ 49,2).


Tres muertos

Tres clases de muertos: Jesucristo resucitó tres muertos, al hijo del archisinagogo, que aún estaba en casa (Mc 5,41), a la hija de la viuda, cuando la llevaban fuera de las puertas de la ciudad (Lc 7,14), y a Lázaro, que ya estaba por cuatro días en el sepulcro. El primero representa al que consiente en el pecado interior, el segundo al que lo pone en práctica; y el tercero al que tiene un hábito de pecar (TSJ 49,3).

 

Enfermedad para gloria de Dios

Enfermedad no de muerte. Jesús destruye la muerte verdadera: la del enfermo, la de las hermanas tristes, y la de todos, que son amados. Sabiendo su poder, dijo que Lázaro estaba durmiendo. El milagro que va a hacer quiere que beneficie a los apóstoles, para que aumente su fe (TSJ 49, 8).

 

Los cuatro días

Si alguno entiende y confía en exponer esta cuestión de un modo mejor y más claro, no crea que yo estoy menos dispuesto a aprender que a enseñar.

Los cuatro días de la muerte. El primer día de nuestra muerte es cuando nacemos. El segundo día de la muerte, cuando, no obstante, la ley que existe en el corazón del hombre, la transgredimos. El tercero es cuando transgredimos la Ley de Dios, dada por Moisés, El cuarto día de la muerte es cuando, anunciado el Evangelio que nos promete vida eterna, no se le hace caso y transgredimos estos mensajes de vida. El Señor a todos muestra su misericordia y nos resucita (TSJ 49,7)..

 

Los vivos muertos

Dios de vivos. Hay personas que viven y están muertas, pues los muertos con fe están vivos, pero los que viven sin fe están muertos. Porque si la muerte del cuerpo es la ausencia del alma, el alma está muerta cuando la fe está ausente. El alma de tu alma es la fe. (TSJ 49,14-15).

 

El pecador se convierte

Oprimido por el pecado dije: “Pequé, y Dios me ha perdonado, volví a pecar y me condonó, oí el evangelio y lo he despreciado, fui bautizado y he vuelto a lo mismo, ¿Qué es lo que hago?¿Adónde voy?¿Adonde huyo? Cuando digo esto, Cristo se conmueve, porque está gritando mi fe, y en la voz del que grita está la esperanza de la resurrección” (TSJ 49,19).

 

Cristo lloró

“Si Cristo lloró, llore también el hombre, ¿por qué clamó Cristo, sino para enseñar al hombre a llorar?¿por qué clamó y se conturbó, sino porque la falta de fe en el hombre, que con razón se mira con desagrado, debe clamar acusando las malas obras, hasta que la dureza de la penitencia venza el hábito de pecar? Solloza Cristo dentro de ti si estás dispuesto a revivir” (TSJ 49,19 y 25).


Gritó con voz alta

Se conturbó, lloró, y exclamó con gran voz. Difícilmente se levanta quien está oprimido por el peso del vicio. ¡Pero al fin se levanta! Interiormente es vivificado por una gracia oculta, y se levanta despertado por el grito de Cristo. Salió resucitado pero aún permanece atado, y aunque envuelto, ya está fuera. Cuando te mofas, yaces muerto, y si te mofas de cuantas cosas dije, aún estás enterrado, sales cuando te confiesas” (TSJ 49,24).

 

Los fariseos urdían matarle

IMG_4953_P

Los fariseos decían ¿qué hacemos? Pero no decían “creamos” pues aquellos hombres perdidos pensaban más en cómo le habían de atacar para matarle que en mirar por ellos para no perecer (TSJ 49,26).

 

Temían perder cosas temporales

Temieron perder cosas temporales, sin preocuparse de la vida eterna, y por esto perdieron ambas cosas. Temieron que si todos creían en Cristo, no quedaría nadie para defender la ciudad y el templo del Señor en contra de los romanos, porque juzgaban perversamente la doctrina de Cristo como contraria a la ciudad y a las leyes de sus padres (TSJ 49,26).

 

Caifás profetizó

¿Qué profetizó Caifás? Que Jesús había de morir por la nación, y no solamente por la nación, sino para congregar en un solo cuerpo a los hijos de Dios que estaban dispersos. Esto lo añadió el evangelista, porque Caifás solamente profetizó acerca de la nación de los judíos, en la cual estaban las ovejas de las cuales dijo el Señor “No he sido enviado sino a las ovejas que perecieron de la casa de Israel”. Pero el evangelista sabía que había otras ovejas que no pertenecían a este redil, a las cuales convenía atraer, para que hubiese un solo redil y un solo pastor (TSJ 49,27).

Unción de los pies de Jesús (J 11, 55- 12, 11) Estaba cerca la Pascua de los judíos…porque a causa de él muchos judíos se les iban y creían en Jesús.

 

Señal de los judíos

Con la sangre del animal sacrificado señalaron los judíos los dinteles, y con la sangre de Cristo señalamos nosotros nuestras frentes. Aquella señal prohibía la entrada al exterminador, también la señal de Cristo aleja de nosotros al exterminador si en nuestros corazones damos entrada al Salvador. Muchos colocan en su frente la señal de Cristo sin celebrar en sus corazones la doctrina de Cristo (TSJ 50,2).

 

Buscar a Jesús

Nosotros debemos iluminar con nuestras antorchas, cuya Luz proviene de Cristo.

Ellos buscaban a Jesús para que ni ellos ni nosotros le tuviésemos. Busquémosle para poseerle, no para darle muerte. Entren en la Iglesia y escuchen donde está Cristo y préndanlo, “fue muerto por sus padres, sepultado; resucitó y subió a los cielos”. Y dicen “¿cómo vamos a estirar las manos hasta el cielo para prenderle?” Prenderle con el corazón, porque Cristo estando ausente está presente, pues si no estuviera presente, tampoco nosotros pudiéramos tenerle. (TSJ 50,3)

 

Orden de delatar a Jesús

Los pontífices y fariseos habían dado orden de que quien supiera donde estaba Jesús lo denunciara para prenderle. Hermanos, indiquemos dónde está Cristo, y ojalá quieran escucharnos y reciban a Cristo quienes dieron orden de denunciarle para matarle. Entren en la Iglesia, escúchenlo en el Evangelio. Prenderle con el corazón, porque Cristo, estando ausente, está presente (TSJ 50,4).

 

Ungüento de nardo pístico

Si quieres ser fiel unge, como María, los pies de Jesús con precioso ungüento. Aquel ungüento de nardo significa la justicia y al calificarle como “pístico”, es en razón de su procedencia, y pístico procede de la palabra griega “pistis”, que quiere decir fe. Con tu buena vida unge los pies de Jesús, y sécalos con tus cabellos, es decir, con tus cosas superfluas ayuda las necesidades de tantos que existen en este mundo, por donde pisan los pies de Cristo. El buen olor del ungüento eres tú mismo, no propagues mal olor. Felices quienes propagan el buen olor de Cristo (TSJ 50, 6- 8).

 

No murmures

¿Por qué no se vende este ungüento por trescientos denarios, y ese dinero se da a los pobres? La queja de Judas no era por beneficiar a los pobres, pues por su oficio llevaba el dinero, pero con hurtos él se lo llevaba. Era uno de los doce apóstoles, y era un ladrón sacrílego, y comparable es a Judas quien hurta algo de la Iglesia. Estuvo con los demás apóstoles, y convivió con ellos, pero no logró mancharlos. Admitió Jesús un ladrón, para que nosotros los toleremos con paciencia (TSJ 50, 9-10).

 

Pedro y la Iglesia

Atendamos a Dios que manda y ayuda: manda lo que debemos hacer y ayuda para que podamos hacerlo.

El poder dado a Pedro lo continúa la Iglesia, de modo que lo que se ata en la tierra será atado en el cielo, y lo que se desate en la tierra será desatado en el cielo, porque cuando la Iglesia excomulga en el cielo queda excomulgado, y cuando lo reconcilia queda en el cielo reconciliado. Si tienes a Cristo en este tiempo, lo tendrás en el futuro; en el presente por la fe, por la señal de la cruz, por el bautismo, por la comida y bebida del altar. Tienes al presente a Cristo, pero le tendrás siempre (TSJ 50,12).

 

La curiosidad por el milagro

Una multitud de judíos vinieron por ver a Lázaro resucitado. La curiosidad les atrae no el amor. Otros, los príncipes de los sacerdotes, decidieron matar a Lázaro, para evitar que algunos judíos, por medio de la resurrección de Lázaro, creyeran en Cristo. Intento cruel y ciego, ¿acaso Jesús no podría resucitar a un degollado? Siendo sacrificado por sí mismo resucitó (TSJ 51,13).

 

Capítulo XII del Evangelio de San Juan

El capítulo duodécimo del evangelio de san Juan se compone de 50 versículos, cuyos vv. 1-11 están comentado anteriormente en el tratado 50. El resto, los vv. 12-50, se dividen en cuatro partes temáticas:

1ª parte del capítulo duodécimo, vv. 12-26, se narra la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén, que san Agustín comenta en el T.51

2ª parte del capítulo duodécimo, vv. 27-36, narra algunas cuestiones sobre el Padre y la pasión de Cristo, y el juicio del mundo, que san Agustín comenta en el T.52

3ª parte del capítulo duodécimo, vv. 37-43, sobre la incredulidad de los judíos, que san Agustín comenta en el T.53

4ª parte del capítulo duodécimo, vv. 44-50, trata del tema de la condenación de aquellos que no creen en Jesús, comentado por san Agustín en el T.54.


I. PRIMERA PARTE (12, 16-26): 
“Al día siguiente… mi Padre le glorificará”

Ramos de victoria

Los ramos de las palmas son alabanzas y signos de victoria, porque muriendo había de vencer a la muerte, y con el trofeo de la cruz había de triunfar del demonio (TSJ 51,2)

 

Vino en nombre del Señor

IMG_4955_P

El maestro de humildad se hizo obediente hasta la muerte de cruz, sin perder la divinidad. Por lo que tiene de igual al Padre, nos creó, para que existiéramos; por lo que tiene de semejante con nosotros, nos redimió, para que no pereciéramos. Llega a Jerusalén en un borriquillo, que representa al pueblo de los gentiles, que no conocía aún la Ley Algunos gentiles se acercaron a Felipe y le rogaron que querían ver a Jesús. Los judíos quieren matarle, y los gentiles quieren verle (TSJ 51,4-8).

 

Morir para vivir

Cristo era el grano que había de morir por la infidelidad de los judíos, y multiplicarse por la fe de los pueblos. Si quieres tener la vida en Cristo, no temas morir por Cristo. Quien odia su alma en este mundo, la guarda para la vida eterna, pues ese odio es bueno, y en realidad la has amado. Si se te presenta forzosamente traspasar la ley de Dios para seguir viviendo, o morir bajo la espada del perseguidor, elige entonces morir por amor a Dios antes que vivir teniendo a Dios ofendido; entonces debes odiar a tu alma en este mundo, a fin de guardarla para la vida eterna (TSJ 51,9-10).

 

Seguir a Cristo

Seguir a Cristo es servirle, imitarle. De esta forma alcanzarás la recompensa de estar donde Él está. Si no estás con Él ¿estarás bien en algún lugar? Si estas con Él ¿podrás sentirte mal?. ¿Qué mayor premio al hijo adoptivo que estar donde está el Hijo único, al que te asocias a su eternidad, no a su divinidad? (TSJ 51,11).

 

Servir a Cristo

¿Qué es servir a Cristo, a cuyo servicio se ofrece tal recompensa? No es ya hacer su comida, ni servir sus alimentos, o cosas semejantes. Esto lo hicieron quienes vivieron en aquel tiempo. También Judas servía a Cristo, llevando la bolsa. Sirven a Cristo quienes no buscan sus intereses. Dice el Señor “lo que hicisteis con uno de mis pequeños, conmigo lo hicisteis”. Cada uno es ministro de Cristo, cuando hace lo que Él mismo hizo. No solamente los obispos y los clérigos buenos, son sus servidores, todos vosotros podéis servir a Cristo, viviendo bien, dando limosna, enseñando su nombre y su doctrina. Los padres de familia que avisen, enseñen, exhorten, corrijan, sean benevolentes y mantengan la disciplina entre todos los de su casa, oficio éste a modo eclesiástico y episcopal (TSJ 51,12-13).

 

 

 

II. SEGUNDA PARTE (12,27-36):
“mi alma está turbada… Y Jesús se escondió de ellos”.

El alma de Jesús está turbada

Era conveniente que el único mediador entre Dios y los hombres, así como nos impulsó a cosas más elevadas, padezca junto a nosotros de las cosas más ínfimas. Así te enseñó lo que debes pensar, qué debes decir, a quién debes invocar, en quién debes esperar. ¡Oh Señor, mediador, Dios sobre nosotros, hombre por nosotros! Compruebo tu misericordia, porque siendo tú, el Fuerte, te turbas movido por tu amor para sostener a los muchos que se turban en tu Cuerpo arrastrados por su debilidad para que no perezcan desesperándose (TSJ 52,1-2).


Y se oyó la voz…

“Vino, pues una voz del cielo: lo glorifiqué y lo volveré a glorificar”. Aquella voz fue dada por la divinidad, no para El, sino para otros, así también por su voluntad se turbó su alma, no por El, sino por otros. Tomó sobre sí la debilidad humana para enseñar a quien estuviese contristado y conturbado a decir “Pero no sea como yo quiero, sino como tú, Padre, quiere”. (TSJ 52,3-4).


El juicio del mundo

Se refiere no a ese juicio final en el que serán juzgados los vivos y los muertos, separados unos a la derecha y otros a la izquierda, sino al juicio en el que el príncipe de este mundo será arrojado fuera. Si dice “ahora” es que afirma un juicio a celebrarse ya. Y ¿en qué sentido estaba dentro de este mundo?¿a dónde fue echado? Anunciaba el Señor lo que conocía, que después de su pasión y glorificación muchos pueblos habían de creer en Él, en cuyos corazones estaba dentro el diablo, el cual, cuando a él se renuncia por la fe, es arrojado fuera. No quiere decir que ya no tiente a los fieles, pues no cesa de tentarlos. Pero decimos, no nos metas en la tentación, para que no entre dentro de nosotros. (TSJ 52,6-10).


Levantado, atraeré a mí todas las cosas

Estas palabras de Cristo fueron entendidas por la turba en el sentido que se refería a su muerte en cruz, pero ellos sabían por la Ley que el Mesías que viviría eternamente. No fue una ciencia infusa la que les iluminó, sino su inquietada conciencia la que les abrió el sentido oscuro de estas palabras. Desprecian creer en Cristo, porque su impiedad desprecia la muerte de Cristo, y se burlan de Cristo sacrificado. Cuando escuchéis la verdad, creer en la verdad para que renazcáis en la verdad (TSJ 52,12-13).

 

III TERCERA PARTE (12, 37-43) :
“Habiendo hecho tantos signos… prefirieron la gloria de los hombres a la gloria de Dios” (TSJ 53)

Se predijo que los judíos le matarían

No fueron los judíos forzados a pecar, pero predijo que pecarían, aunque si hubieran querido obrar bien no habría nada que se lo impidiese; pero así habían de obrar lo tenía previsto aquel que conoce lo que cada uno ha de hacer y cuál es el premio que le ha de dar por sus obras (TSJ53,2-3).


El misterio de los males previstos

No me forcéis, hermanos, con esa expectación a penetrar en tales profundidades, a explorar este abismo, a escrutar lo inescrutable. Reconozco mi incapacidad y creo palpar también la vuestra. Debemos caminar, avanzar y crecer a fin de que nuestros corazones se hagan capaces de comprender aquellas cosas que ahora nos es imposible entender. Y si el último día nos halla en las avanzadas, allí conoceremos lo que aquí no hemos conseguido comprender. Si alguno entiende y confía poder exponer esta cuestión de un modo mejor y más claro, no crea que yo estoy menos dispuesto a aprender que a enseñar (TSJ 53,4-7).


Pidamos que nos libre

IMG_4956_P

Atendamos a Dios que manda y ayuda: manda lo que debemos hacer y ayuda para que podamos hacerlo. Cuidaos de ser tan acérrimos defensores del libre albedrío, que os creáis forzados a suprimir la oración en la que decimos “No nos pongas en la tentación, líbranos del mal”. Por otra parte, si todo depende de Dios, ¿para qué esforzarnos en vivir bien?. En ambos casos reconozcamos los beneficios del Señor. Debemos darle gracias por esta facultad y rogarle, al mismo tiempo que no sucumba nuestra flaqueza (TSJ 53,8).

 

IV. CUARTA PARTE (12, 44-50) : 
“Quien cree en mí… lo digo como me lo ha dicho mi Padre”

Creer en el Padre

Quien cree en el Padre, es menester que le crea Padre, y quien le cree Padre, es necesario que crea que tiene un Hijo; y así, quien cree en el Padre, cree en el Hijo (TSJ 54,1-3).


Cristo, Luz

Los apóstoles son candelas encendidas que provienen de la Luz, Cristo. Vino para que todo aquel que crea en él no permanezca en tinieblas, pues todos fueron hallados envueltos en tinieblas; pero para que no permanezcan en esas tinieblas, deben creer en la luz que vino al mundo, porque por ella fue hecha el mundo Cristo excitó en nosotros un deseo ardiente de su interna dulzura; creciendo la recibimos, caminando avanzamos, avanzando caminamos para llegar a la meta (TSJ 54,4).


Su mandato es vida eterna

IMG_4958_P

Esta vida eterna es la verdad. El que es veraz engendró la Verdad, La Verdad habla sin sonido en el interior de nuestras almas, no al modo de nuestras palabras. Nos atrajo por el deseo ardiente de su interna dulzura, pues creciendo la recibimos, caminando crecemos, y aumentando caminamos para conseguir la meta2 (RSJ54,8).

 

 

PIES DE PÁGINA

1  Los resúmenes de los 53 sermones anteriores que comentan los diez  primeros capítulos del evangelio de san Juan, fueron publicados en los números 96, 98, 99, 100 y 101 de nuestra revista LEA.

2   Resaltamos, copiando en latín esta última frase del sermón, porque tiene un ritmo claramente agustiniano, de gran belleza y profundidad: “Excitavit nos ad magnum desiderium interioris dulcedinis suae; sed crescendo capimus, ambulando crescimus, profiriendo ambulamos, ut pervenire possimus” (TSJ 54,8). Es interesante relacionar esta frase con el “tu excitas illum ut laudare te delectet, quia fecisti nos ad te, et inquietum est cor nostrum donec requiescat in te” de Confesiones I,1, frases, cuyo contenido se completa y perfecciona.

 

ÚLTIMA HORA

comunicado:
 

La Provincia Agustiniana Matritense, responsable de esta publicación, comunica a sus amables suscriptores que la revista LEA Digital deja de publicarse ahora, y, en un futuro próximo, los temas sobre educación y pedagogía, así como toda la información relacionada con las actividades de nuestros colegios, se publicarán en la página web de nuestra Provincia Matritense. Se podrán consultar los números de LEA ya publicados. También publicaremos el Índice de autores y temas. Gracias a todos por vuestra fidelidad, comprensión y colaboración.
 

Nombre:
Email: